
Cuando los EE.UU. empezaron los ataques contra Irak, la gente salimos a las calles a protestar masivamente. Era un acontecimiento nuevo y muy sonoro en los últimos años. Hacía décadas que no se daba un golpe de efecto tan ruidoso perpetrado por los “capos” de nuestras democracias modernas, occidentales, liberales, de nuestro ejemplar “Estado del Bienestar”.
En aquel momento hicimos gala de valentía y gran fuerza contra las personas que supuestamente “gobiernan en democracia” pero que actúan de forma arbitraria, tal y como queda demostrado un día tras otro. Aun así el sr. Bush volvió a salir ganador en las elecciones y con muchos más votos que la primera vez que se presentó.
Gastamos muchas energías entonces y nuestra voz no fue escuchada. Al fin y al cabo, el cambio de gobierno en el estado español fue precedido por un acontecimiento desagradable y una manipulación informativa del gobierno anterior del PP. Si no hubiera sucedido “todo aquello que pasó”, muy probablemente nuestro presidente estatal actual sería el sr. Rajoy y no el sr. Zapatero.
El hecho de que las tropas españolas fueran retiradas del estado iraquí se dio a cabo presumiblemente por una promesa electoral del actual presidente del gobierno español (el cual no cumple siempre sus promesas, como bien todos ya sabemos), y porque evidentemente esa promesa electoral era una estrategia para conseguir votos, como también lo fue la de “aprobar el estatuto que saliera del parlamento catalán”, pero como los catalanes somos menos y encima la mitad se mostraba indiferente a tal hecho, no era necesario cumplir todas las promesas electorales.
Bien, la cuestión es que ahora nos hallamos con nuevos ataques brutales contra intereses árabes por parte del aliado de EE.UU. y la Plataforma contra la Guerra vuelve a convocarnos a manifestaciones y otras actividades diversas, pero como que ya estamos vacunados, ahora nos preocupa más pensar en como sube el gasóleo, en como sube la vivienda, los alquileres, los alimentos, en como nos estrangulan en el trabajo, en como sube el IPC con respecto al sueldo, etc.
O ¿no es cierto? O ¿será que también estamos vacunados contra todo ello? O ¿será que nuestro sistema funciona de tal manera que la primera vez que nuestros “capos” se pasan algo más de la cuenta nos escandalizamos, pero puesto que “dios ahoga pero no aprieta o aprieta poco a poco” nos vamos adaptando paulatinamente a los nuevos dictadores de “traje y corbata” y parlamento democrático, y volvemos a votarlos una vez tras otra y “que vayan haciendo” que nosotros ya tenemos suficientes problemas y otras preocupaciones de índole más personal?